El ceibo
inclinado
una
soga
y
un pedazo de madera.
Nos hamacábamos
El
auto
se
empantanaba
sobre
la calle,
frente
a la casa.
Entonces,
bajábamos
del coche,
en
fila
cruzábamos
los charcos
con
saltitos
esquivábamos
el barro
y la canaleta
que
separaba la calle
de
la vereda.
Un
piecito
no
lograba evitar la zanja,
y
se embarraba
hasta
las rodillas.
El
asfalto enterró ese recuerdo.
El
patio
protegió
a las mascotas
dicen
que el Exo
sólo
recibió a los más antiguos.
Durante
los últimos tiempos de la parra
infinitas
leyendas sobre él.
Llegaron
Lupin, Muffin y Pequi
un
montón de frutos maduros
(esconderse
y robar las uvas)
el
largo sendero hasta la casa
y
un gran escalón de cemento
antes
de entrar.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario