lunes, 14 de abril de 2014

Berazategui

El ceibo
inclinado
una soga
y un pedazo de madera.

Nos hamacábamos

El auto
se empantanaba
sobre la calle,
frente a la casa.

Entonces,
bajábamos del coche,
en fila
cruzábamos los charcos
con saltitos
esquivábamos el barro
y la canaleta 
que separaba la calle
de la vereda.

Un piecito
no lograba evitar la zanja,
y se embarraba
hasta las rodillas.

El asfalto enterró ese recuerdo.

El patio
protegió a las mascotas
dicen que el Exo
sólo recibió a los más antiguos.
Durante los últimos tiempos de la parra
se escucharon
infinitas leyendas sobre él.
Llegaron Lupin, Muffin y Pequi
un montón de frutos maduros
(esconderse y robar las uvas)
el largo sendero hasta la casa
y un gran escalón de cemento
antes de entrar.



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