jueves, 20 de junio de 2013

Edelmira



Mi abuela Ede 


dijo
      que me iba a tejer una manta

      por comentarios,

que lo hace muy rápido.

Nunca la vi tejiendo.

Estamos muy lejos

nos separan mil ochocientos cuarenta y un

kilómetros por la ruta 33.



Puedo imaginarla

sentada en su silla mecedora

en el patio, justo

en el medio de la casa.

Ese patio que separa

las habitaciones construidas con las manos de mi abuelo

de las otras más nuevas.



En ese descanso

a mitad de camino

está ella

meciéndose y tejiendo

con sus manos chiquitas, arrugadas

levantando la vista

mirando a su interlocutor

mientras cuenta los puntos,

diciendo con esa voz aguda y profunda

_ ¡esta manta es pa’ m’hijita!



En mi imaginación

recorro su rostro marcado por el tiempo

sus arrugas me guían

y su cabello blanco entrelazado

cae sobre el costado izquierdo

de su cuello.